sábado, 1 de enero de 2011

VI.- Un frío avasallante

Este año ha azotado un frio crudo, no tan intenso como otros que recuerdo de pequeña, pero ahora que soy grande y los achaques de la edad hacen lo suyo me permite darme cuenta que es necesario buscarme a alguien estable, alguien fijo, de planta, que no se enamore, que no me enamore, que no me pregunte mi nombre ni yo el suyo. Que la vida solo sea destinada a encuentros carnales que nos unan solo por ése instante sin tener el derecho de preguntar más o de abandonar aquellas identidades que poseemos. Eso lo haría más emocionante porque sería un prohibido aunque totalmente consentido. Que irónico cierto, el frío que diciembre trae consigo y deja en enero tras de sí, y yo con unos calenturones que no aguanto. Ni como hacer para rogar un rescate que me libere de ellos, un alguien que baje con sus labios por mi cuello, se consuele entre mis pechos, y siga bajando y bajando para encontrar aquel lúgubre lugar donde éste -la calentura de mi mal- se encuentra aprisionado. Tomando mi cuerpo, acariciándolo con sus manos, sintiendo y recorriendo toda la extensión de mi piel, besando mis muslos que también arden y la pasión saliendo desbordada a través de mi sexo mientras me comes. Unos cuantos gemidos, unas gotas de sudor nos invaden, tu mano en mi cuello, mi cuerpo arqueándose, mis ojos en blanco, y tu respiración exaltada, a punto de llegar al clímax. Mis uñas en tus espalda, tus dientes en mis pezones, los brazos entrelazados, las piernas extendidas, los dedos de los pies retorcidos y nuestros sexos fundidos en uno solo anhelando el cansancio de la batalla que nuestros cuerpos libran por la sola búsqueda entera del placer.
Un escalofrío recorre nuestros cuerpos y una luz destella a través de nuestros sexos iluminando la alcoba. EL calor, la pasión, todo fluye dentro de las paredes de mi útero y entre tu sexo. Así de grande, así de intenso. Y vuelvo a la realidad, hace un frío que cala mis huesos y yo con los tremendos calenturones desbordando pasión malbaratada sin consuelo alguno que me recupere.