sábado, 9 de abril de 2011

Capitulo 8: Son Rachas.....

Siempre han habido temporadas buenas y temporadas malas. En las buenas puedo darme el lujo de derrochar dinero como derrochar belleza, en las malas, vivir en austeridad al límite por no haber sido prudente de guardar un poco de dinero para el mañana. He tenido mucho tiempo sin buenas rachas, esas han quedado en tiempos antiguos. La gente ya no quiere pagar por "contagiarse", pues es en todo lo que piensan antes de que se les ponga dura. Una vez hecho el trabajo de calentarlos es hora de montarlos o dejar que nos monten. Hacerles creer que tienen la iniciativa, pero es solo una idea para engatusarlos.
En ése instante ya no piensan en nada, son cuerpos sin alma, guiados por el deseo de cubrir su instinto animal, su instinto sexual, y después de eso, algunas veces vienen las lamentaciones que en su momento prefirieron y eligieron ignorar. "¿Como pretendes que te pague si de seguro me has infectado algo?" Y se rehúsan a pagar.
Como he dicho antes hay de tiempos a tiempos, y estos son tiempos difíciles, afortunada se tiene que sentir una hoy en día, si en la menor cantidad de palos posibles, has logrado sacar lo tuyo, lo del padrote y lo necesario para sobrevivir día a día sin darle oportunidad a que se desquebraje tu alma...

Pero hay rachas donde no solo te toca un cliente que sea lindo, guapo, pudiente, amable y cariñoso, sino que tiendes a agarrar puros de esos, que fácilmente pudieran sacarte de esta vida de pobre y puta, pero simplemente no lo harán puesto que saben a lo que van, saben que para vida estable no soy una candidata modelo por todos lo prejuicios que por puta me toca cargar. Pero no por ello hacen a un lado su humanidad y ven lo mismo en mí, una persona que aunque usen para curar sus cargas sexuales no por ello dejan de actuar de una forma linda, coqueta, soñadora y un tanto romántica. Esos son los que valen la pena, los que no son viejos ninfómanos borrachos que antes de tratarnos como mujer nos tratan como sus perras. Pero es nuestra elección el vivir así, no podemos negar la chamba de nuestros servicios si queremos subsistir y sacar el pan nuestro de cada día.
¿Piernitas para que te quiero sino son para abrirte?
Aprovecha ahora que hay quien no solo te abras para entregarte, sino quienes son tiernos y besan las heridas que en los labios de tu vagina han quedado por deflagración de los hombres.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Capitulo 7: De viaje...

El fin de semana pasado me fue bien en mis rondas nocturnas, algo había de raro en el ambiente; no logro descifrar que era, si era el aire fresco tirándole a frío, el olor a humo de cigarro con marihuana, la música provocativa, la nueva iluminación del bar o quizás algo raro en las bebidas, pero terminé gustando mucho y acaparé toda la atención provocando que pudiera repartir mas fichas que las de costumbre y amasé una pequeña fortuna derrochando amasiato a través de mis pechos en la boca de hombres, y mis lánguidas piernas sobre sus regazos.
Sin tener preocupación alguna por saber que haré para comer mañana decidí que lo mejor era premiarme a mi misma para vaciar mi mente de cuantas formas sexosas solo había conocido, que mejor manera que un viaje en corto y recreativo, ir a la playa, asolear mis piernas, meterme al agua, y salar mis senos y mi cuerpo en los movimientos de su mar.
No lo pensé mucho, salí decidida a la estación de autobuses colectivos y me trepé, el camión era grande, antiguo, de esos viejitos que te subes y huelen todavía a camión y algo más, un olor raro pero conocido, haciendo la mezcla entre camion y mecos. A un aroma de macho pero en remembranza puesto que no habia hombres, bueno si había pero no a ése tipo de HOMBRE a lo cual el camión olía. Algo así como a MACHO para dominar a sus PERRAS, forjarlas en el amor, amarlas con caricias, gozarlas hasta saciarlas.
Una mezcla rara entre seducción y peligro malamente limitado solo por mi libido. Quería más, de alguna forma algo me pasaba que todo ese aire me tenía como un trance y algo raro ocurría con mis extremidades... buscaba desesperada quien desprendía esa esencia entre los demás pasajeros pero nadie había que gritara MACHO con su puro olor. Y quedé encasillada e hipnotizada en ese olor que quedaba entre los asientos curtidos por el tiempo impregnados de un sudor de hombres que en el pasado se han mecido entre los asientos de ese móvil.
Yacían reclinados y yo me imaginaba encima de ellos, quitándome ése calor que ahora me quemaba y me invadía, derritiendo mis piernas y fundiéndome en su miembro. Logrando que su manguera disparara hacia mis adentros y llenara las paredes de mi útero con sus mecos apaciguando ese fuego, calmando mis ansias, volviéndome loca... sintiéndome... mmmmm.... completa.

Solo salí de mi trance una vez llegado a mi destino, y descubrí que el calor que entre mis piernas sentía era provocado por la excitación que yo tenia, lo cálido del lugar y el hecho de que sin querer era tal mi excitación que no solo me había mojado la pepita, sino también mis piernitas.

sábado, 1 de enero de 2011

VI.- Un frío avasallante

Este año ha azotado un frio crudo, no tan intenso como otros que recuerdo de pequeña, pero ahora que soy grande y los achaques de la edad hacen lo suyo me permite darme cuenta que es necesario buscarme a alguien estable, alguien fijo, de planta, que no se enamore, que no me enamore, que no me pregunte mi nombre ni yo el suyo. Que la vida solo sea destinada a encuentros carnales que nos unan solo por ése instante sin tener el derecho de preguntar más o de abandonar aquellas identidades que poseemos. Eso lo haría más emocionante porque sería un prohibido aunque totalmente consentido. Que irónico cierto, el frío que diciembre trae consigo y deja en enero tras de sí, y yo con unos calenturones que no aguanto. Ni como hacer para rogar un rescate que me libere de ellos, un alguien que baje con sus labios por mi cuello, se consuele entre mis pechos, y siga bajando y bajando para encontrar aquel lúgubre lugar donde éste -la calentura de mi mal- se encuentra aprisionado. Tomando mi cuerpo, acariciándolo con sus manos, sintiendo y recorriendo toda la extensión de mi piel, besando mis muslos que también arden y la pasión saliendo desbordada a través de mi sexo mientras me comes. Unos cuantos gemidos, unas gotas de sudor nos invaden, tu mano en mi cuello, mi cuerpo arqueándose, mis ojos en blanco, y tu respiración exaltada, a punto de llegar al clímax. Mis uñas en tus espalda, tus dientes en mis pezones, los brazos entrelazados, las piernas extendidas, los dedos de los pies retorcidos y nuestros sexos fundidos en uno solo anhelando el cansancio de la batalla que nuestros cuerpos libran por la sola búsqueda entera del placer.
Un escalofrío recorre nuestros cuerpos y una luz destella a través de nuestros sexos iluminando la alcoba. EL calor, la pasión, todo fluye dentro de las paredes de mi útero y entre tu sexo. Así de grande, así de intenso. Y vuelvo a la realidad, hace un frío que cala mis huesos y yo con los tremendos calenturones desbordando pasión malbaratada sin consuelo alguno que me recupere.